Durante las últimas décadas, el entrenamiento deportivo experimentó una transformación extraordinaria. La incorporación de herramientas tecnológicas como la frecuencia cardíaca, la potencia, el análisis del lactato, la percepción subjetiva del esfuerzo, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV), los sistemas de posicionamiento global (GPS), los acelerómetros, los sensores inerciales y las plataformas de fuerza, entre muchas otras, revolucionó la manera de planificar, controlar y comprender las cargas de entrenamiento.
Gracias a estas herramientas comprendimos mejor la fisiología del ejercicio, cuantificamos con mayor precisión el esfuerzo y organizamos el entrenamiento con un nivel de objetividad impensado apenas unas décadas atrás.
Sin embargo, el uso de estos poderosos instrumentos también encierra un riesgo: que, casi sin advertirlo, terminemos reduciendo nuestra mirada y perdiendo de vista el verdadero objetivo del entrenamiento.
No estamos hablando simplemente de herramientas. Estamos hablando de una forma de comprender cómo responde el organismo al entrenamiento para poder planificarlo mejor.
Continua leyendo la nota en la web de la revista Ciclismo XXI o en la edición Nro. 255 de Julio 2026 (pag. 14).

