Del estímulo fisiológico a la transformación personal.
Qué buscamos realmente cuando entrenamos? ¿Acumular kilómetros, aumentar los watts, mejorar los tiempos y alcanzar un mejor rendimiento? Sin duda, esos objetivos forman parte del camino. Pero el entrenamiento a mi modo de ver persigue algo más profundo: transformar al deportista.
Cada sesión representa un estímulo. Cada estímulo provoca una respuesta. Cuando esa respuesta se repite de manera planificada y encuentra las condiciones adecuadas de recuperación y restitución, se produce una adaptación. Sin embargo, el proceso no termina allí.
Las adaptaciones ocurren en el organismo, pero la transformación ocurre en la persona.
El entrenador planifica y diseña un camino compuesto por diferentes fases de entrenamiento. Selecciona estímulos con el objetivo de desarrollar capacidades y cualidades específicas. El organismo responde y modifica progresivamente su funcionamiento. Y finalmente está el deportista: quien atraviesa todo ese proceso, aprende, se conoce y logra transformarse.
Esta secuencia encierra una de las ideas centrales del entrenamiento: no entrenamos solamente para mejorar variables fisiológicas; entrenamos para producir cambios que permitan transformar al deportista.